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lunes, 27 de julio de 2015

El teatro envolvió como un viento

Del 14 al 19 de julio pasado volvió a desarrollarse una nueva edición, la onceava, del Festival de Teatro de Rafaela. Un encuentro recargado de propuestas, que conservó su derrame sobre otras localidades de la región, y que como cada año es una fiesta de las artes escénicas en la que participan miles de espectadores y cientos de artistas y colaboradores de un gran equipo anfitrión.

Durante seis días, esta localidad del oeste santafesino, luce distinta, movilizada, ávida. Durante seis días, la Municipalidad de Rafaela, regala un evento repleto de emociones, obras y talentos, en distintos escenarios y para todos los gustos.
Desde la apertura de cada Festival, se altera la norma del microcentro y con ella, la vida cotidiana. Esta vez, cientos de ciudadanos acompañaron el desfile de la Fanfarria Da Vinci de Córdoba y siguieron al gigante dragón de globos rosados, negros y blancos, creación de Víctor Tomate Ávalos, hasta su ingreso al Cine Teatro Belgrano. Allí fue la inauguración oficial, donde se lo escuchó al secretario de Cultura, Marcelo Allasino, explicar este fenómeno que ocurre en la ciudad: “Hay quienes se resisten al cambio y hay quienes lo abrazan. Este festival es una muestra contundente de ese cambio que estamos viviendo como comunidad. Es un ejemplo de transformación”, expresó.
Luego habló el intendente, Luis Castellano, quien sorprendido por la cantidad de personas que había en la sala, -más las 80 que no pudieron entrar porque estaba más que repleto-, señaló: “La cultura es un derecho, y todos tenemos derecho a la cultura, de la misma manera que todos tenemos derecho a la educación o a la salud. Y el Festival de Teatro va camino a igualar ese derecho. Ahí está el éxito que tiene”.
Tras los discursos, comenzó La Pipetuá a desandar sus 13 años (la edad del pavo), con el clown, el circo, la música, curiosos efectos lumínicos y mucho humor. La antología del reconocido grupo de Buenos Aires, atrapó a una platea colmada que rió con cada ocurrencia o peripecias de Sebastián Amor, Fefo Selles, Diego Lejtman o Maxi Miranda, la generación de burbujas enormes o la permanente interacción que entablaron con el público en distintos momentos del espectáculo. Se los despidió de pie y lo mismo pasó con las otras dos obras programadas en el primer día, en el Teatro Lasserre y en La Máscara, con Muñeca…, de Armando Discépolo en versión libre de Pompeyo Audivert y Doberman, de Azul Lombardía, ambas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En el caso del trabajo de Audivert-Andrés Mangone, la puesta en escena pareció verse enriquecida en un espacio tradicional en la primera salida de la sala del Centro Cultural de la Cooperación, y potenció la interpretación de un sólido elenco conformado por Ivana Zacharski, Diego Vegezzi, Fernando Khabié, Pablo Díaz, Gustavo Durán, Carlos Correa, Mosquito Sancineto y el propio director y protagonista, con la composición de un Anselmo para la memoria.
En Doberman, -que conoció el año pasado una versión gualeguaychense- Mónica Raiola y Maruja Bustamante encarnan a dos mujeres casadas, reconocibles en su singularidad. Las dos talentosas, en los contrapuntos rítmicos que proponen sus personajes, causan mucha gracia y a la vez, permiten atisbar el devenir de una historia acaso tragicómica.

Osados
El festival tuvo varios escenarios. Este año, volvió a lucirse una carpa de circo en la que 75 watts de La Metereológica del Circo Da Vinci, por caso, entretuvo a las familias con la misma magia de siempre.
En la Sociedad Italiana, en tanto, Jorge Villegas de la compañía Zeppelín Teatro presentó Argentina Hurra!, una propuesta de teatro político que continúa haciendo foco en la violencia de la década del ’70, una mirada crítica y mordaz al peronismo y los coletazos de su impronta y personajes que rodeaban a Perón. Un espectáculo pleno de ideas y gracia que entendemos consolida su particular poética, y que lleva al grupo cordobés a un lugar de atención nacional por su original proyecto creador.
(fotos de Gustavo Conti)
En las primeras jornadas se vieron también obras de Mendoza y Rosario y esta vez, la invitada internacional fue De-vir (Brasil) que se destacó junto con La Wagner, de Pablo Rottenberg, entre las altas ofertas de la danza contemporánea incluidas en una intensa programación. La danza proveniente de Brasil exhibió cuerpos elásticos que parecían idear figuras animales o monstruos, mostró imágenes que sumergían al espectador en un raro mundo silencioso y fantástico. 

En cambio las mujeres de La Wagner, desnudaron una técnica impecable, crearon con sus trabajados cuerpos, una atmósfera de osadía mayúscula, de violencia impronunciable, impensada, a partir de escenas difíciles de digerir, imágenes que sólo compartiéndolas con otros, abren más y más significados y ayudan a procesarlas porque sin dudas, punzan y 
muestran descarnadamente lo que no siempre queremos ver.
Nuevas miradas
La calidad de los trabajos presentados en esta edición, volvió a sorprender. Sólo por citar unos casos, destacamos a Boyscout, de Dennis Smith. La voz de este artista, la singular música en escena, la historia y cómo se la cuenta, constituyen un entramado visual y sonoro que mueve todas las estanterías: denuncia los rótulos -“agujeros en la cabeza”, dirá el actor en su relato- que imponen las familias y tantos nefastos actores del sistema educativo.
Historias como éstas y las que dejaron picando Argentina Hurra! o Un trabajo, de Lisandro Rodríguez y Elisa Carricajo, recién estrenada en Buenos Aires, propician movimientos internos, estelas de ideas y pensamientos que no se pueden medir ni transferir, pero nos acompañan y enseñan. Un trabajo pone en escena, de original modo, nuevas rutinas laborales y nuevas relaciones de poder y mediaciones, nuevos deseos, preguntas y respuestas, un contemporáneo estado de “confusión generalizado” en el que no se sabe qué está bien o mal, como dirá Rodríguez en la mesa de devoluciones, junto a críticos y periodistas.
También se vio Representación nocturna del marqués de Segrebondi (Rosario), una obra que se anima a meterse con el oscuro universo de Osvaldo Lamborghini y su cuento “El niño proletario”. 
Matías Martínez, Martín Fumiato y Matías Tamburri, encaran la pieza con una mirada crítica y una estética cuidada que se torna poética: se dice lo más crudo pero el espectador no lo ve. Las palabras en boca de estos buenos actores, bastan para denunciar e incomodar a tantos burgueses sueltos por ahí y en estos tiempos, se agradece.
Ingue, con la versátil actuación de Yanina Frankel, bajo dirección de Darío Levin, llegó a todos los espectadores. La clown subió y bajó del escenario para jugar con los presentes, improvisó un falso alemán ante la presencia de un perro que había ingresado a la vecinal Guillermo Lehmann y, -aunque el espectáculo cuenta la frustrada y triste búsqueda de su familia, en plena guerra- la actriz logra conquistar al público con un sinnúmero de recursos y gestos, hace reír como pocos y consigue restituir lazos vitales y emprender una vida nueva.
En Un gesto común de Santiago Loza, se lucieron Iride Mockert, Diego Benedetto y José Escobar. En particular, este último, conmovió con la creación de un personaje que con poco parlamento, transmitió su soledad y su amor.

En el último día, se asistió a Piedra sentada, pata corrida, escrita y dirigida por el joven Ignacio Bartolone. Esta pieza, a través de las vivencias de un grupo de indios de la tribu Lechiguanga, recrea un singular vínculo con el conquistador blanco, da vuelta las crónicas e imaginarios de la época y agrega nuevos sentidos. Aquí actores, también jóvenes y muy buenos, revisan la Conquista –tema poco representado según señalan especialistas-, con un humor que cuestiona y actualiza la figura del personaje blanco –y también de los aborígenes y del ser superior…- que de pronto será la cautiva, prenda para negociar cambios que se avecinan. El poder en manos de la mujer, la relación con lo divino y los sueños, los diversos modos de vivir la sexualidad en medio de la nada, son otras de las líneas que se leen no sin gracia, en esta obra.

La maratón de obras que ocurrió cada día, nos impidió llegar a tiempo y ver Un lazo rojo de elenco rafaelino pero sí pudimos disfrutar de Las arcanas con las reconocidas actrices Silvit Yori, María Cecilia Tonon, Mayra Armando y Marilú de la Riva.
La patria patrioootera, llegada de Córdoba, fue un derroche de ingenio, sea por la puesta que incluye la preparación de un guiso en vivo que luego se degusta a rabiar; la sarta de piropos que uno de los personajes inventa y le larga a una despampanante y fresca Ayelén que atina a frenarlo con un “ay Chiiiiche!”; el relato acerca de la argentinidad y lo propiamente cordobés que hilvanan mediante personajes bien caracterizados.
Fauna gótica, con 18 actores en escena, dirigidos por Matías Feldman y un público siempre de pie, conducido por los actores, fue otra de las piezas que abonó a la metáfora, puso a jugar otra estética y modo de hacer teatro que aquí se entremezcló con los espectadores, los involucró.
Esta edición quedará sin dudas en el recuerdo de muchos. Hubo riesgo e intensidad a montones. Hubo ganas de dejarse llevar y cautivar. Hubo público de sobra aquí pero también en Suardi, Pilar, Ataliva o un poblado como Clucellas, de no más de 915 almas. Si bien algunas mezquindades políticas hicieron caer algunas subsedes, quitándole la posibilidad de disfrute a muchos, desde la Municipalidad anfitriona, seguirán dando batalla. Intuyen que este Festival ya no puede parar y tiene un solo dueño, la gente.

Para destacar.
Niños y grandes envueltos

El lema de este año fue “El festival te envuelve” y así resultó. Más de 18.000 espectadores se dejaron abrazar. Una mujer sentada en la primera fila, a la espera de que empiece la función de Soñar no cuesta nada (Buenos Aires), en una vecinal, contó que su hijo había tenido que hacer una larga cola, el primer día de boletería, para sacar entradas y que en esa primera jornada ya se habían agotado varias. Después el dato lo confirmaron los organizadores y lo reprodujo la prensa, pero la mujer no lo podía creer.
Los más pequeños, boquiabiertos ante las destrezas, acrobacias y juegos que propusieron los distintos artistas en la Carpa de Circo o en lugares como el anfiteatro del Parque de los Eucaliptos, rebasado como nunca, en donde se vio la obra RosaRrosita (Buenos Aires), fueron grandes privilegiados. Fueron invitados a jugar por los Dislocados Minimi y Rockecycle (Buenos Aires); en la obra 75 watts (Córdoba) o en Aloloco que se hizo en la plaza 25 de Mayo, entre otras propuestas.

domingo, 19 de julio de 2015

Imágenes de un Festival que te abraza

Apertura del 11º Festival de Teatro de Rafaela con la Fanfarria Da Vinci.

(fotos de Mónica Borgogno y Guillermo Meresman)

Con "La Pipetuá 13 años (la edad del pavo)" de Buenos Aires, arrancó a todo humor, el Festival en el Cine Teatro Belgrano. Gran despliegue escenográfico y lumínico y actores que hicieron participar al público, incluso al intendente y su esposa, sentados en primera fila.








En la Carpa de Circo se vio "75 watts", proveniente de Córdoba. Excelentes músicos, comediantes, acróbatas que también supieron jugar y hacer participar a la platea infantil.




Todos los días, en una de las salas del Complejo cultural del Viejo Mercado, periodistas, espectadores y artistas se encontraron para debatir o compartir experiencias de uno y otro lado del escenario.

En la vecinal de barrio Villa del Parque se presentó "Soñar no cuesta nada" (Buenos Aires) que divirtió a grandes y chicos y con canciones en distintos idiomas, cautivó a unos y otros.

"RosaRrosita" (Buenos Aires), hizo su función en un desbordado anfiteatro Parque de los Eucaliptus.










Minimí y Roquecycle fueron los personajes "Dislocados" (Buenos Aires) se presentaron en la Carpa. Hicieron riesgosas pruebas y malabares y jugaron con los niños.



Una divertida y tierna "Ingue" (Buenos Aires), conquistó a quienes la vieron actuar en la vecinal del barrio Guillermo Lehmann.
Yanina Frankel es la actriz que encarna a este personaje situado al final de la 2da Guerra Mundial, que en clave humorística, busca a sus familiares y construye una nueva vida y relaciones. "Ingue" hizo funciones en distintas vecinales y también en la subsede de Suardi.

lunes, 13 de julio de 2015

Otro Spregelburd en Paraná

Reseña.
Guillermo Meresman/Mónica Borgogno

Se estrenó en junio en la pequeña sala Metamorfosis/Callejón de los sueños de Av. Alameda de la Federación, Remanente de invierno de Rafael Spregelburd, con dirección de Jesús Fercher, actor de varias obras ofrecidas durante la última década y docente a cargo de distintos talleres en Paraná.
El texto escogido es la conocida pieza estrenada en Buenos Aires a mediados de los años ’90 por el descollante autor porteño conocido del público local merced a los estrenos de Destino de dos cosas o de tres o La tiniebla, encarados por Lito Senkman y Oscar Lesa-, también por su abundante dramaturgia édita y por sus premiados trabajos como actor (de teatro, cine y televisión), director y protagonista del teatro argentino desde hace veinte años. En continuo movimiento, el texto pertenece a un período inicial de este artista, que ha ido complejizando sus propuestas pero que ya desde entonces, precozmente, supo recibir los mayores halagos del campo cultural.

Las reflexiones que le dedica Patricia Zangaro al texto abordado, son demostrativas tanto de su atractivo como de las dificultades a las que se asoman los grupos del país que deseen enfrentarse a su personal poética: “Aunque puede ubicarse la textualidad de Spregelburd en relación al ‘significante imperial’ de la tradición dramatúrgica de Occidente en términos de diálogo, personajes y acción, parece escribirse desde un deslizamiento de ese sistema hacia un territorio que tiene que ver con la estructura misma del lenguaje y sus mecanismos de construcción y deconstrucción de la noción de sujeto, del montaje y desmontaje de los procesos de enunciación y la disolución del principio de verdad (…) En esta ecuación se sostiene la profunda renovación estética que propone el teatro de Spregelburd, que no necesita de complejas caracterizaciones psicológicas, ni de elaboradas escenas en las que esos caracteres entren en conflicto, ni mucho menos de grandes frases para dar cuenta, por ejemplo, como en Remanente de invierno, de la absoluta incomunicación que rige los vínculos familiares: le bastará mostrar a Silvita usando de manera arbitraria las preposiciones, ante la impotencia de sus padres, para poner en acto esa incomunicación justamente a través de aquello que usamos para comunicarnos. Y todo ello por medio de juegos verbales, pródigos en humor y eficacia teatral, que proporcionan el goce del mismo modo que la puesta en crisis de ciertas "verdades" adquiridas. Este ‘deslizamiento epistemológico’ desde donde parece escribirse el teatro de Spregelburd resulta fundante a la hora de preguntarse sobre los procesos de construcción del receptor ideal que esta textualidad promueve”.
En este sentido, Fercher opta por una puesta en escena tradicional ortodoxa, que respeta esa dramaturgia de autor, aunque creemos, se permite pocas licencias significativas a la hora de la definición de los personajes que tal vez podrían enriquecer la puesta y potenciar el humor irónico que propone el texto. No obstante, en esta conducción es bien acompañado por el trabajo de Andrea Fontelles (vestuario y escenografía), Leandro Osorio (diseño y operación de luces) y Gustavo Caprile (música original y sonidos), y por un elenco heterogéneo, constituido por actores con amplias experiencias y otros noveles locales. Guillermo Vesco, Andrea Militello, Sandra Cortes, Alberto Lescano, Roberto Fadil, Bravo Franco, Cecilia Yeregui y Mabel Maggioni conforman un elenco con entrega, con algunos resultados desparejos pero en pleno crecimiento.
Ciertas dificultades en materia de ritmo y la complejidad del mismo material literario hacen que el espectáculo se desluzca en algunos pasajes. Sin embargo, el público mayoritariamente agradece la osadía del grupo y la elección de un rico material dramatúrgico, que en unos momentos más que en otros, adquiere vuelo, fuerza y belleza, o al menos humor, inteligencia y dolor, en la desafiante representación de nuestra contemporaneidad.
Lo absurdo de las familias y los fetichismos encarnados en muñecos y muñecas pero también en el aparato de televisión que se consume a diario y que consume pasiones, son apenas parte de la historia-no historia que se pretende contar. La convivencia con técnicos encargados del “funcionamiento” del hogar, se aparece como una escena futurista al igual que la avanzada y protagonismo de los electrodomésticos que aparecen en escena bajo luces de neón, unos, iluminándose o apagándose, otros.
El absurdo y parodia de noticieros que propone el texto, acá con una coloratura local, le imprime un sello aún más dislocado y habla de una investigación sonora y visual que hace repensar algo tan básico y complejo a la vez como lo es la comunicación, cotidiana, familiar, massmediática.